Por estos días se me sacuden los cimientos de la cristiandad y me transporto a los días de colegio, en que el profe de Historia Universal nos remontaba a los años de Martín Lutero, de Reforma y Contrarreforma, de excesos y consecuencias y, más específicamente, de compra-venta de indultos. Y claro, si en una era de oscurantismo, a los eclesiásticos se les ocurría negociar con el divino Perdón ¿qué habríamos de esperar de estos consumistas, materialistas, capitalistas, mercantilistas y superficiales tiempos que corren?
Pero no deja de dar rabia y, peor aún, no dejo de sorprenderme de muy ingrata manera. Mientras algunos intentamos ser consecuentes en alguna medida con ciertos principios y valores que creemos correctos, mientras tipeo como enferma un artículo sobre la distribución de la tan trajinada píldora del día despúes, sobre su tan cuestionada constitutionalidad que por estos días se debate, y sobre el importantísimo rol (a mi muy personal parecer) de la Iglesia en esta materia...estos hijos de putre desacreditan cualquier argumentación válida que pueda uno llegar a sostener haciendo referencia a su rol guardián de principios y valores.
Mientras tipeo, ingreso a www.bci.cl a cachar qué tan escasas están mis lucas a estas alturas del mes. En el portal me encuentro con la "novedad" de que, a partir de abril, puedo aportar mi 1% voluntario a la Iglesia a través de una sencilla Transferencia de fondos con cargo automático a mi Cuenta Corriente.
Tenemos claro que cualquier institución sin fines de lucro depende exclusivamente de los aportes voluntarios de sus adeptos, socios, fieles, etc. Pero creo, cada vez con más convicción, que cuando leemos "Iglesia Católica" y "Transferencia de fondos" en la misma oración, algo está definitivamente mal con el mundo. No voy necesariamente al hecho de la relación comercial que se produce a efectos de realizar una supuestamente desinteresada donación...voy a la maldita comodidad que se perpetúa a través de ella. Ya sea que decidamos "dejar" 4 pesos de vuelto a Fundación las Rosas, o que donemos el 1% de nuestro mensual haber a la Iglesia a través de una sensilla transacción, cada día nos interesa menos el cómo y el cuándo nuestro aporte financiero llega a su destino final. Nada más que con un click, hemos cumplido nuestro rol religioso, moral, social...humano. El destino no nos interesa mucho, pues confiamos en la diligencia de las respectivas instituciones para hacer llegar nuestro aporte a quienes lo necesiten. Y, mientras tanto, BCI guarda una que otra luca más para especular, invertir, y hacer crecer su capital. Aunque, para ser justos, al hacer la consulta en BCI Directo, me informaron que las Transacciones no tienen costo para el "cliente", a menos que el muy bruto decida realizarlas directamente en caja. Pero, gracias a Internet, usted y yo podemos quedar con la grata satisfacción de haber contribuido con el mundo y la humanidad de forma gratuita.
Cierro cesión y me termino preguntando qué dirá San Pedro por estos días, con su tarjeta magnética para abrir las puertas del Cielo, y aprendiendo a operar la maquinita para cancelar con tarjeta de débito. Bueno, por si las moscas, vaya preparado con su "multipass" y, en lo posible, realice su "check in" antes de emprender el vuelo.





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