Leía un artículo sobre nombres raros en LUN de ayer y pensaba en lo poco originales y osados que somos los chilenos. Internacionalmente, lo normal es encontrarse con gente famosa a quienes sus padres les pusieron un nombre poco convencional. Así, encontramos desde Shakira a Beyonce, pasando por Madonna, una que otra Shaniqua o Rhianna, o incluso celebridades que se dan el lujo de nombrar a sus retoños con algo más excétrico aún, como Juanes con su hijita Luna; Música, la hija de don Hernán Rivera Letelier; los legendarios Jesse James y Romeo de Jon Bon Jovi, y quién sabe qué otra excentricidad de artista habrá por ahí.
El caso es que, en Chile, es mal visto llevar nombres gringos con apellido castizo, y peor aún si el nombre sufre alguna modificación en la forma de escribirlo. Hasta hemos adecuado la Ley de Registro Civil de modo que el respectivo oficial pueda objetar un nombre que conlleve la "ridiculización" del vil pergenio (como el clásico Lobo), que se encuentre "mal escrito" (por ahí aparece un Venjamín, aunque los casos de Maicol, Yonathan, Xantiago, etc., son suficientes para ejemplificar) o que tenga más de 90 caracteres (ahí si que no se me ocurre ninguno :S)
Y ¿por qué? Para gente de cualquier otra patria está bien llamarse de las formas más diversas si consideramos que, después de todo, nuestro nombre es una manifestación más de nuestra individualidad y que, por último, si mi bizarro nombre lleva una K en vez de una C, una Y en vez de J, un guión, punto y coma o cremillas, ello me va a diferenciar de todas las demás tocayas.
Por ahí algún hijo del grunge decidió ponerle Kurtkobain a su retorño. Hay uno que otro Daddy, Neo, Anakin, y no me cabe duda de que, mientras los hijos de los 80s y 90s terminamos de sentar cabeza y reproducirnos, saldrán por ahí uno que otro Leonho, Konnán, Eslach, o incluso quién sabe, su Jimán y Shira o Molder y Escolly para la parejita. El caso es que deberíamos ser menos prejuiciosos y entender que un mundo abierto a la diversidad es mucho más entretenido.






Amiga, siempre con su comentario sensato y perpicaz.
Concuerdo con uté, respecto al prejuicio que la sociedad chilena mantiene sobre este tema y aún cuando, soy una defensora férrea respecto a la libertad que tenemos todos los habitantes de esta nación para decidir los aspectos más personales y profundos de nuestro ser, no puedo evitar comentar que, siendo yo un ejemplo viviente de que, a veces, no es bueno tratar de mezclar nombres rusos con apelllidos netamente españoles, pues la estrella de la tv, quien motiva mi nombre, nada tiene que ver con los nativos castellanos, les aconsejo a los futuros proceadores que antes de inscribir al piriguin(a) en el Registro Civil, le den más de una vuelta al nombre que llevará, de por vida, esa pobre criatura.
Muchas son las anécdotas sobre la pronunciación de mi nombre y mis apodos son varios, sin embargo, poder acogerme a la ley 17344 (Ley que autoriza cambio de nombres y apellidos) es mucho más complejo y oneroso de lo que se cree.
Besitos.
TANYA (Tanyi, Tanyis, Tanyi Lulú, Tanyiloka, Tanyiyica, Tanya...tan Yamándote, Tanya kenya Manya, Tanina, Tanita.... Por lo anterior, PIÉNSELO BIEN!! :(!